Ahora mismo estoy leyendo “La Ley de la Apostasía” por Samuel M. Zwemer. Según su experiencia al trabajar con musulmanes, la razón número uno por la que muy pocos aceptan a Jesucristo como su Salvador en los últimos 1400 años, es el “temor de la persecución y la falta de valor moral.”
Según la ley musulmana tradicional, cualquiera que deja la religión del Islam es considerado apóstata y es sentenciado a morir. En uno de sus respetados comentarios sobre el Corán, los musulmanes y Al Bukhari, dice, “Así que, cuando los encuentre (apóstatas), mátelos; porque de cierto es que el que los mate tendrá una recompensa en el día de la resurrección.”
A pesar de lo que algunos quisieran que creamos, la persecución y muerte es una realidad para aquellos que invocan el nombre de Jesús en las naciones musulmanas alrededor del mundo. Este fue el temor que encontramos más frecuentemente en Marruecos donde aquellos que creyeron la Palabra de Dios entrarían en un temor oculto que incluso llegaría a no mencionarles a sus propios familiares lo que habían hecho.
Un hombre en particular tiene un maravilloso testimonio sobre cómo Jesús lo salvó y le dio una esperanza que nunca había tenido antes. Sin embargo, casi quince años después, su esposa (que todavía es musulmana) es la única familia que tiene y que sabe que él ya no es musulmán.
Mi corazón se compadece por personas en esta situación, pero a su vez pone al tapete una pregunta muy controversial – ¿puede una persona ser un verdadero discípulo de Jesucristo y nunca hablarle a nadie de ello? ¿Realmente existe el cristiano secreto?
Estas preguntas no son nuevas. Jesucristo mismo tuvo que abordar el tema en Sus días, y aclaró que si el mundo lo odió y persiguió, Sus seguidores podrían esperar experimentar exactamente lo mismo. Juan 15:20 dice “Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán.”
Jesucristo – Dios en la carne – fue torturado y asesinado por Su mensaje, y Él nos advierte que si queremos seguirlo, también tenemos que abrazar Sus padecimientos. Él les dice a Sus discípulos en Marcos 8:34-38, “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”
Si vamos a seguirlo, ¡se nos dice que nos neguemos a nosotros mismos y tomemos nuestra cruz! No es fácil aceptar el mensaje, pero es fundamental para la fe cristiana.“ A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos. No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:32-39).
El llamado a seguir a Jesucristo es uno de abnegación y persecución. Aunque la gente quiere un camino fácil a seguir, Cristo nos dice simplemente es lo contrario. Cuando rechazamos confesarlo ante los hombres, lo estamos negando.
Según Jesús, una persona no puede creer secretamente y hacer que el resto del mundo todavía piense ¡que es musulmán! La familia querrá matarlo, los amigos le darán la espalda, y aquellos que ama ya no le reconocerán.
La ley islámica de apostasía todavía existe hoy y ha hecho que millones vuelvan atrás una vez que escuchan la verdad. Los cristianos en el mundo musulmán necesitan nuestras oraciones más que nunca. Ellos necesitan una valentía que sólo el Espíritu Santo puede darles. Y NOSOTROS necesitamos poner acción a nuestras palabras y estar dispuestos a entregar nuestras vidas para llevar el Evangelio al mundo musulmán. En lugar de temer la persecución, necesitamos “gloriarnos en ella.”